Parece ser una tarde nada excepcional. Cosa rara, se dice que aquí se encuentran los atardeceres más bellos de todos. Bueno, eso dijo Borges, sin que el muy cabrón hubiese visto uno.
Parece ser una tarde aburrida. Sentada en la azotea de un café donde los extranjeros vienen a sentirse en su patria, me doy aires de forastera. Con mi te chai a la derecha, mis garabatos a la izquierda, y un par de viejos audífonos bien puestos, escucho de todo: de surf a punk rock.
En realidad espero que la tarde mejore a la hora en que deje de ser tarde. Tengo una cita con mi Lady Blue, mi Gure, mi amore, mi conciencia y el paño bendito al cual voy cada que se me va el habla en lágrimas. Como miel será la tarde, espero... ya poco, falta poco para ella.
Pero hoy no será paño, será alegría, será tarde de buena vibra. Le quiero contar tanto sobre ese joven que me trae de cabeza. No he contado los segundos en que su mirada se clava en la mía, en realidad han sido pocos sin ser virtuales. Quisiera un día decirle “Ahora quédate bien quieto, quieto... veme a los ojos, déjame decidir bien de que color son”
Y es que es un dliema. A veces lo veo cafés pero de color de chocolate con leche bien cargadito. Y otras parecen ser de un verde sucio... de un Pantone 450 EC.
Maldito sea ese tono indefinido, que al parecer el rosado atardecer se transforma. No es color favorable para el cielo, pero mi cielo no lo prefiero de otro modo. Lindo, lindo color con el que sueño.
"Amore! ya llegué ¿Donde te veo?"
Parece que mi tarde en la azotea se sustituye por ir con ella, probablemente terminaremos en un árbol, escuchando canciones de Bosé desde un radio demasiado viejo, bebiendo sangría y charlando de la vida... Pero me deja su Pantone con el corazón calmado, mientras la noche se lo devora en un azul profundo... con uno que otro punto de ilusión infantil colándose entre nubes y su cielo.
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